viernes, 21 de marzo de 2014

Eso me pasa por dejarme querer



El otro día te vi paseando por el mismo parque por el que ibas conmigo de la mano. Ahora no era yo la que te acariciaba el pelo, la que te daba besos y te ponía caras raras solo para verte reír, esa sonrisa perfecta que me llevaba a la locura desenfrenada de querer besar tus labios.

No era yo la que se acercó a ti y te plantó un beso, que me llegó a mi directo al pecho, en forma de bala, proyectil diestro, ataque inesperado.

Cuanto daño. Te gustaba eso del dedo en la llaga, de hacer dolor no solo con las palabras. Fue lo malo de dejarme querer, de que me hicieras creer a la vez que pensar, que si te dejaba entrar en mi vida, te ibas a quedar, ibas a cerrar la puerta y a tirar la llave. Pero te fuiste con algo que me pertenecía, que no te merecías. Sin dar explicaciones, sin cerrar nada y menos las heridas que aún llevan tu nombre escrito en lo más profundo de mis entrañas.

Posdata: prefiero que no regreses, no quiero volver a verte. Pero si algún día pasas por aquí, acuérdate de cerrar la puerta.


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