Siempre que
escribo sobre mí misma,
termino sacando
a la luz todos mis complejos
y hablando
de todas tus virtudes.
De lo bonitas
que son cada una de tus pecas
y termino
con lo que siempre empiezo,
contando cada uno de los arañazos
que lleva tu
espalda.
Pero últimamente
sin ti,
tengo las
uñas un poco más cortas,
serán los
nervios
o las prisas
por no
llegar tarde,
por no
hacerte esperar
aunque dudo
que esperes algo de mí.
Yo aguardo el
momento
para volver
a bailar
esa maldita canción
que siempre
escucho
antes de
quedarme dormida
en esa cama un
poco vacía.
Pero toda
paciencia tiene un límite.
Mis manos
siempre me preguntan
que espero
y yo nunca
se que contestar.
