Son las cinco de la mañana y te he tenido aquí, a mi lado y despacio. Sin espacios, sin aliento y con orgasmos. Entre las sábanas de esa cama que ha presenciado tanto. Amor, creo que ese pequeño peluche sabe algo. Elimínalo, como me eliminaste a mi el miedo, como me quitaste a mi las dudas, a bocados.
Me trataste con tal delicadeza, como si me fuese a romper, a pedazos. En el kilómetro cero en el que cayeron mis bragas y caí yo sobre la cama. Como me miraste, desafiante y dijiste "vamos a correr, a ver quien se corre antes".
Lo mejor de la noche fue caer de agotamiento, que tú te rindieses y que ese puto gato nos mirase, con tanta envidia, que en vez de besarme a mi, lo acariciaste a él. Cabrón, se estaba riendo de mi. Lo tenías entre tus brazos, pero yo te tenía entre los míos.
Entonces desperté y todo había sido un puto sueño. Llegó la realidad, tan hija de puta como siempre. Creo que voy a dormir, necesito tener mi dosis diaria de ti. Aunque de sueños no se viva, prefiero morir teniéndote a ti.
