domingo, 6 de marzo de 2016

Crónica de un cuento remix

Crónico lo han llamado,
como si fuese una enfermedad incurable
en un corazón que ya está roto.
El arraigo de una verdad cruel
y el te echo de menos
que quieren gritar unas manos.


El último beso fue quizá la despedida más amarga que podían regalarme tus dulces labios. El final del baile, el movimiento de tus caderas, tus manos deslizándose sutilmente por tu figura desnuda en la penumbra que se colaba por aquella ventana que no terminaba de cerrarse bien.

Nunca me han gustado las despedidas, ni decir adiós. Tampoco suelo sonreír a desconocidos, empezar una conversación o decir lo que siento.

Y así, fue como empezó una historia más de tu cuento, cuyos protagonistas eran caperucitas promiscuas, lobos travestis, cazadores de sueños, abuelas sexys y finales donde se comía de todo menos perdices.

La tradición se ha perdido tanto como lo está la juventud. Las buenas costumbres, la aventura de las piernas, de conocerse poco a poco, sin prisas, la locura adolescente de un primer beso, la risa inevitable de después, el perecedero recuerdo que prevalece y la melancolía de no poder repetir ese momento remoto.

Pero la crónica iba llegando a su final y la leyenda de la chica indestructible se rompió en tantos pedazos como ya lo estaba su corazón. Le confió su corazón al cazador equivocado, se equivocó de Ferrari y se pinchó con la aguja equivocada.