jueves, 5 de enero de 2017

Ese miedo a estar solos



- ¿Que somos? 
- Cuestión de tiempo.



Estamos tan acostumbrados a necesitar el cariño de alguien para sentirnos especiales, que nos conformamos con cualquier cosa. No porque sea malo, simplemente porque quizá no es lo que buscamos o lo que queremos.

Mi historia quizá se parezca a muchas otras, mejores o con más que contar. Aun así, esta es la mía.



Aun me pregunto por qué sigo mirando tu última conversación de WhatsApp después de archivarla una y otra vez. Por qué digo que no volveré a preguntar por ti y cometo el mismo error día si, y día también. No entiendo el miedo que me da verte con otras personas, verte feliz. Y que se te de tan bien estar sin mí.

Tampoco entiendo por qué busco en otros lo que encontraba en ti, por qué tus virtudes son las ausencias de otros. Ni por qué siempre le digo a todos los de tu alrededor que estoy feliz, que estoy bien, que no me pasa nada, que no te echo de menos y que estoy mejor sin ti.

Incluso si algún día se te ocurre preguntar, te dirán que me olvidé de ti en el mismo momento en que dejamos de vernos, que nunca te quise y que todo era un juego. Quizá te digan que soy feliz con otra persona, que ahora sonrío más, que nunca lloro y que con él no discuto.

Quizá esté lejos, quizá me eches de menos. No vuelvas, haznos ese favor. Quizá cualquiera de los dos hubiese vuelto a la primera tras un “te necesito” o un “no es lo mismo sin ti”.

Son palabras. Son las mismas palabras que nos autodestruyeron en su momento, las palabras que no nos dejaron avanzar con otras personas y el egoísmo propio de saber que podíamos perdernos para siempre.

El miedo a no volver a ese momento cada vez más borroso cuando nos conocimos, en el que no nos prestamos demasiada atención y ni recordábamos nuestros nombres. El momento de ese primer beso lleno de vergüenza y el no saber que estábamos haciendo. Creer que quizá no existirá alguien tan perfecto para nosotros, o tan guapo o guapa. Que nos entienda, que comparta nuestros mismos gustos. Que baile tan mal como tú, que sonría tan fuerte que pueda derrumbar todos los muros que se presenten de frente. Que te abrace y no quieras que acabe.

Solo es miedo. Si no es él, será otro. Y es que este mundo está tan lleno de gente con la que podríamos equivocarnos mil veces más, hasta acertar. Hasta sentir que nos estamos equivocando de nuevo y volver a internarlo. Pero no convencernos de que queremos algo que solo nos hace felices a momentos.

Nos engañaríamos a nosotros mismos, para intentar creer que puede funcionar. Y es que pudimos con todo, menos con nosotros mismos.

lunes, 2 de enero de 2017

Ojalá todo hubiese sido más fácil



Me dijiste que no te siguiese a ningún lugar, que fuese contigo.

Después de nuestro tercer intento, todo parecía ir bien. Avanzamos sin soltarnos la mano como si la mayor tormenta no pudiese separarnos nunca.
Nos equivocamos.

Hubo un momento en que dejé de creer en el amor, en la suerte y en las oportunidades hasta que… me encontré. Gracias a ti descubrí que tiempo atrás había dejado de ser yo, para poder ser con otras personas.

Y ojalá hubiese sido más fácil quererte y ojalá más tiempo, más fuerte hasta quedarnos sin ganas de hacernos tanto daño como nos hemos hecho. Y ojalá que no se nos hubiese ido de las manos y haber podido prestarnos las alas para poder arreglarnos mutuamente.

No era yo.
Me costó entenderlo y más aún aceptarlo. No seré yo la chica que consiga verte darlo todo por alguien. Ni la que se levante contigo cada mañana para intentar hacerte feliz, porque ya lo intenté y no funcionó. Y no es que no fuese el momento, simplemente no era yo porque hay cientos de personas ahí fuera que te están esperando, aunque duela.

Y avanzaremos, hasta ser completos desconocidos que se conocen demasiado bien. Y un día se verán por la calle, se saluden, se abracen y se den cuenta que ahora están mucho mejor.

Seremos personas distintas, a las que un día fuimos. Pero seguro que sigues contando tus chistes malos, haciendo reír a todos, pero manteniéndote seria al mismo tiempo para que no descubran que escondes tanta fragilidad, que podrían romperte en pedazos con tan solo rozarte.

Como tú me dijiste dejarás de ser “el amor de mi vida, para ser una más”. Una más que fue especial, que fue increíble. Que me quiso como supo, aunque quizá no como yo quería. Que me folló tan fuerte, que terminé haciéndole el amor. Que hizo que la mirara a los ojos hasta perderme en ellos y me devolvió un latido que creía olvidado.

Siempre serás tú, la heroína de todas esas guerras sin sentido.


domingo, 1 de enero de 2017

Sé que eres feliz, por eso sonrío


Te debo una disculpa. Y quizá no te lo dije nunca porque el orgullo a veces puede a las personas. 
Siempre has sido una montaña rusa, siempre has sabido escucharme, algo que no todo el mundo está dispuesto a hacer y has sabido aconsejarme a veces no estando en tu mejor posición. Has sido una de las mejores personas que me he llevado en el último año. Y por mucho daño que que te hice, estuviste ahí y luchaste por mi hasta que te quedaste sin fuerza. 
Reímos juntas, nos despertamos juntas, lloramos juntas y hubo un tiempo en que lo hicimos casi todo juntas. 
Y seguiré diciendo que no me arrepiento de nada y que te echo de menos. Siempre te he sido sincera, aunque las verdades doliesen y he intentado decirte como me sentía en cada momento y sabes que has sido la única persona que ha conseguido que expresase mis sentimientos cara a cara. Me has visto en malos momentos y me has visto en los mejores. En este año lo compartimos y lo vivimos todo. 
Y ahora, míranos... porque ni nos miramos, ni hablamos. Me cuentan que estás viviendo tú vida y disfrutando de quizá las cosas que nunca pude o supe darte yo. Y sonrío mucho, muchísimo, por saber que eres feliz e indirectamente me lo haces a mi. 
El tiempo a veces hace que dos personas se distancien, aunque yo sé que nos queremos y no poco. Pero confió en que algún día todo lo malo se quede a un lado y quizá no sea todo como antes, pero ojalá si consiga algún día que vuelvas a ser tú conmigo y no sin mi.