Me he pasado el día en la cama.
He esperado a levantarme,
a que las ganas lo hiciesen por mi.
Te esperé a ti o más bien a tus manos.
Esas que me conocen tanto.
Esperé al día y a la noche.
He imaginado miles de veces
una piedra en la ventana,
una nota en la almohada,
sentirme enamorada.
Algo falla y quizá sea yo,
quizás sean mis ganas
o la falta de sexo.
Recuerda esa noche.
Yo estaba sentada en aquel sofá gris.
De pronto apareciste tú
con esa sonrisa en la cara,
las manos abiertas y descalzo.
Te acercaste y me hiciste odiarte
y follarte.
Después el rímel se corrió,
quizá no fuese lo único.
Entonces las puertas se cerraron.
