Te miran de la manera incorrecta y duele, más aun cuando si
lo habían hecho antes. Te miraba de esa forma en la que nunca nadie lo había hecho.
Llegó de repente, transformando todo a su paso y creo que
tenía complejo de huracán porque las sabanas siempre le estorbaban, siempre teníamos
calor.
Te miraba con esos ojos que te hacen perder las bragas, la
piel y todo lo que toca, o te toca.
Son sus manos en tu piel, que quemaban. Te podían hacer
sentir llegar, a la locura. Y esas mismas, que tapaban su boca a la vez que su
sonrisa, cuando se reía, ocultando lo más bonito que habían descubierto nunca.
Pero se fue. Se fue sin decir a donde iba.
