- ¿Que somos?
- Cuestión de tiempo.
Estamos tan acostumbrados a necesitar el cariño de alguien
para sentirnos especiales, que nos conformamos con cualquier cosa. No porque
sea malo, simplemente porque quizá no es lo que buscamos o lo que queremos.
Mi historia quizá se parezca a muchas otras, mejores o con
más que contar. Aun así, esta es la mía.
Aun me pregunto por qué sigo mirando tu última conversación
de WhatsApp después de archivarla una y otra vez. Por qué digo que no volveré a
preguntar por ti y cometo el mismo error día si, y día también. No entiendo el
miedo que me da verte con otras personas, verte feliz. Y que se te de tan bien
estar sin mí.
Tampoco entiendo por qué busco en otros lo que encontraba en
ti, por qué tus virtudes son las ausencias de otros. Ni por qué siempre le digo
a todos los de tu alrededor que estoy feliz, que estoy bien, que no me pasa
nada, que no te echo de menos y que estoy mejor sin ti.
Incluso si algún día se te ocurre preguntar, te dirán que me olvidé de ti en el mismo momento en que dejamos de vernos, que nunca te quise y que todo era un juego. Quizá te digan que soy feliz con otra persona, que ahora sonrío más, que nunca lloro y que con él no discuto.
Quizá esté lejos, quizá me eches de menos. No vuelvas, haznos ese favor. Quizá cualquiera de los dos hubiese vuelto a la primera tras un “te necesito” o un “no es lo mismo sin ti”.
Son palabras. Son las mismas palabras que nos autodestruyeron en su momento, las palabras que no nos dejaron avanzar con otras personas y el egoísmo propio de saber que podíamos perdernos para siempre.
El miedo a no volver a ese momento cada vez más borroso cuando nos
conocimos, en el que no nos prestamos demasiada atención y ni recordábamos nuestros
nombres. El momento de ese primer beso lleno de vergüenza y el no saber que estábamos
haciendo. Creer que quizá no existirá alguien tan perfecto para nosotros, o tan
guapo o guapa. Que nos entienda, que comparta nuestros mismos gustos. Que baile
tan mal como tú, que sonría tan fuerte que pueda derrumbar todos los muros que
se presenten de frente. Que te abrace y no quieras que acabe.
Solo es miedo. Si no es él, será otro. Y es que este mundo está tan lleno de gente con la que podríamos equivocarnos mil veces más, hasta acertar. Hasta sentir que nos estamos equivocando de nuevo y volver a internarlo. Pero no convencernos de que queremos algo que solo nos hace felices a momentos.
Nos engañaríamos a nosotros mismos, para intentar creer que
puede funcionar. Y es que pudimos con todo, menos con nosotros mismos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario