Nuestra historia siempre fue especial
siempre tuvo un desenlace trágico
y un principio amargo.
Aun así supimos bailar
Y gritar todo lo que no tuvimos
pero siempre quisimos.
Siempre hablamos
con la boca llena
Y las manos vacías
de miedo.
Ahora.
Se tú el valiente
Que le diga a Neruda
que aquella noche
se quedó sin estrellas,
que las que tiritan ahora
son mis piernas,
por tu indiferencia,
por las costumbres,
que nunca fueron buenas.
Hablo yo de bondad
qué tuve la sangre fría
hasta que me tocaron tus manos,
haciendo en mi poesía
que ardía.
Con fuego no se juega,
por algo siempre me quemaba.
Y me encantaba.
A pesar de que el silencio
a veces era bueno
nos quedamos callados
y mentimos a las ganas
para ocultar lo que nuestra piel
intentaba gritar.
