Recorrí
todas las calles de Madrid
pero
si me dan a elegir
prefiero
las que re-corrí contigo.
Fui,
volví y me fui.
Aun
me espero.
No
entiendo a los que dicen que Madrid es bonita
cuando
no la han visto contigo de la mano.
Ni
te han besado mirando de reojo al reloj,
ni
acariciado en un hotel de mala muerte
mientras
moría yo.
Aprendí
que las caricias no sólo podían ocurrir
de
noche o de día.
También
lo hacen en mis sueños cada noche,
Cada
día.
Esa
noche había pocas estrellas,
muchas
luces,
demasiada
gente
y
muy poca paciencia.
Un
café para mí,
dos
para ti.
Te
gustaba eso de no poder dormir,
de
bailar, cantar, saltar y temblar.
Envidio
a la música
porque
siempre está en tus oídos.
A
Madrid por tenerte.
A
mi cama,
por
cada centímetro de piel de menos
y
cada sabana de más.
Al
calor de tus besos,
al
frío al estar sin ellos.
Me
encanta
la
lluvia tras la ventada,
tu
abrigo,
tus
ojos
y
las sonrisas a carcajadas.
No
soporto
el
frío de las despedidas,
el
sol sin tus gafas,
la
comida en la olla para dos
y
un solo plato en la mesa.
Odiaba
el invierno,
porque
los gorros siempre
tapaba
la mitad de tu pelo.
Amaba
el verano,
por
hacerte sudar y gritar.
El
mar siempre
te
tenía dentro
y
tú lo tenías en los ojos.
Ahora
que me digan a mí
que
Madrid no tiene playa,
que
en las calles hay tristeza
o
que tú lloras por mi ausencia.
