Nos gustaba jugar,
hacer apuestas valientes
-peligrosas-
Te reté al amor.
¿El objetivo?
Averiguar quien
lo sufriría primero.
¿El ganador?
Quien lograse escapar.
Confieso que yo ya perdí
hace tiempo,
me enamoré de tus labios,
de tu boca.
Creo que mi mirada me delata,
son tus ojos.
Y jugué con mis mejores cartas,
pero a veces piensas que tienes
la mejor manga.
Contrincante aprovechado.
Observaste mi descuido,
cuando baje la guardia
llego tu sonrisa,
cual bala atravesada.
-Cruel aficionado-
Pensaste que habías ganado.
¿Qué jugador deja de jugar
sin utilizar su mejor carta?
Entonces te declaré
como conquista propia.
Perdimos los dos,
ganamos algo mejor.
Yo te gane a ti,
a tus virtudes.
Hablo de ellas porque aún
no he logrado descubrir
tus defectos.
Descúbrelos, dijiste.
Destápate, dije yo.
Que desde tu cama
hace calor.
Yo me encargué de buscarlos
-entre las sábanas-
de aquel colchón.
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